“Cuando llegué, no había nada”
“Luché tanto para conseguir esto, hice tantos sacrificios y renuncias… y ¿sabes qué es lo más
duro? Que cuando llegué, no había nada”. Así resumía Alexa lo que habían sido sus últimos años
trabajando en una compañía muy reconocida de la ciudad. Había llegado como auxiliar y, 12 años
después, ocupaba un cargo directivo de alto nivel en un área clave de la organización, con un
salario y unos beneficios que muchos se soñarían.
Yo no entendía. Ella había logrado el “sueño” profesional de muchos… entonces, ¿por qué sentía
que no había encontrado nada?
En ese momento recordé la pirámide de necesidades de Maslow, esa teoría que clasifica las
necesidades humanas en cinco niveles: fisiología, seguridad, afiliación, reconocimiento y
autorrealización. Alexa tenía garantizadas casi todas. Excepto una: la autorrealización. Esa
necesidad profunda de desarrollar tu máximo potencial, de encontrar un propósito genuino en lo
que haces y de sentir que contribuyes a algo que trasciende lo individual.
Y ahí la entendí.
Porque lo mismo me había pasado a mí.
Lo primero que quería que Alexa entendiera era que sus preguntas eran válidas. Que no estaba
mal. Que no era una “desagradecida” por querer renunciar al mejor cargo, al mejor salario o a la
mejor empresa para buscar algo que realmente la hiciera feliz. Algo que le permitiera encontrar
sentido en su trabajo, conectar con su propósito y contribuir desde lo que es, desde su esencia.
Lo segundo que le dije fue que sí había luz al otro lado. Que era posible construir una vida
profesional más alineada con quien era realmente. Pero también le fui muy honesta: ese camino
de autodescubrimiento iba a requerir muchísima valentía y persistencia, porque muchas veces iba
a ser más fácil abandonar que continuar.
De esa primera conversación, con la que comenzó nuestra mentoría, ya han pasado ocho meses.
Hoy Alexa sigue trabajando en finanzas, pero ya no detrás de un escritorio. A ese trabajo renunció
cuando íbamos a mitad del proceso.
Ahora acompaña a personas y familias a estructurar sus finanzas, invertir en bolsa y construir
patrimonio con estrategia. Ya ha cerrado ventas, ya tiene una comunidad y sigue enfrentando
retos… pero esta vez son retos que la emocionan más.
Qué valentía la de esta mujer. Y la de todas las personas que se atreven a dejar “lo seguro” para ir
detrás de aquello que realmente les mueve el corazón, les da sentido y les “encharca” el ojo.
Porque a veces el éxito no está solo en llegar más alto. A veces también está en encontrar un
camino que se sienta tuyo, que te permita poner tus talentos al servicio de otros y construir algo
que trascienda más allá de ti mismo.
En mis mentorías acompaño a profesionales que están en ese punto: cuando necesitan claridad, estructura y alguien que los ayude a avanzar con intención. Si sientes que estás ahí, puedes ver cómo puedo acompañarte aquí:

