A veces no es un no, es un “aún no”
Recuerdo cuando me asignaron a mi primer cliente TOP. Era un hombre que venía de ser presidente de una gran compañía, y mi responsabilidad era acompañarlo en su transición hacia la independencia. Su objetivo: crear su propia firma de consultoría en transformación digital.
Lo primero que pensé cuando vi su hoja de vida fue: ¿yo qué tengo que enseñarle
a este señor?
Tenía
la experiencia, el conocimiento, el salario, la posición… todo lo que yo no
tenía. Después de mi momento de “victimez” —como le digo yo—, llena de miedo e
inseguridad, agendé esa primera cita.
Y
pasó exactamente lo que yo esperaba. Fue una reunión fría. El era parco, cortante
y desde mi percepción, no mostraba mayor interés. “Era de esperarse”, pensé.Al final, Ingrid… ¿qué podrías aportarle? Pasaron casi seis meses. Y un día, sin previo aviso, me escribió. Ya había estructurado su empresa.
Ya la tenía en marcha. Y ahora sí, estaba listo para iniciar el proceso de mentoría. Pero no quería hacerlo solo. Quería hacerlo con su socio —otro profesional de altísimo perfil— y esperaba que yo pudiera acompañarlos a ambos. Así comenzamos un proceso que, sin darme cuenta, fue de doble vía. Mientras yo los acompañaba a estructurar su propósito, la historia de su marca, su propuesta de valor y su posicionamiento en LinkedIn…Ellos también me estaban enseñando a mí dos cosas muy importantes: La primera: a confiar más en mí, en mi proceso y en lo que sé y puedo aportar. La segunda: que los tiempos de los clientes no siempre son los nuestros. En su caso, no fue falta de interés. No fue falta de valor. Simplemente, primero necesitaba organizar las bases de su negocio. Nuestro proceso se cerró el día en que nos tomamos esta foto. Carlos, Anyelo y yo salimos a almorzar. Pudimos conocernos en persona, compartir historias, agradecer lo aprendido y dejar la puerta abierta a futuras colaboraciones. Una historia de oficina que empezó con miedo, inseguridad y muchas dudas…y terminó recordándome varias cosas que hoy sigo teniendo presentes: No siempre se trata de “saber más” que el otro. A veces, se trata de saber acompañar. Y también, que un “no” no siempre es un no definitivo. A veces es un “no es el momento”.
Un “aún no estoy listo”, “Un “primero necesito ordenar otras cosas”. Porque los tiempos de los clientes no siempre son los nuestros. Y entender eso —aunque al inicio cueste— también hace parte del proceso. ¿Te ha pasado que algo que parecía un “no” … solo necesitaba más tiempo?
¿Cuántas veces has asumido que era un no… cuando en realidad era un “aún no”? Entender que no todo “no” es definitivo también cambia la forma en la que te posicionas, te comunicas y tomas decisiones sobre tu camino profesional.
En mis mentorías acompaño a profesionales que están en ese punto: cuando necesitan claridad, estructura y alguien que los ayude a avanzar con intención. Si sientes que estás ahí, puedes ver cómo puedo acompañarte aquí:

